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YA NO PUEDO SEGUIR CON TANTO SUFRIMIENTO…

De seguro, en algún momento haz escuchado a decir a alguien “estoy deprimido”, pero ¿realmente es depresión, o solo está en un momento de tristeza?.

Lo cierto es que las personas confundimos o pensamos que estar triste ya es depresión, pero la realidad es que desconocemos por completo la diferencia entre sentir una emoción y tener un trastorno del estado de ánimo.

Cuando una persona está con depresión, no es capaz de identificar la razón que genera ese malestar (tristeza, rabia, u otra emoción), además tienden a intensificar sus emociones y abarca un espacio largo de tiempo.

Sandra P. fue diagnosticada con depresión a los 16 años, gracias a que su padre se diera cuenta que los episodios tan largos de tristeza, que tenía su hija, no eran normales. Añadiendo a eso que ella no descansaba bien, tenía sueño, bajo de peso considerablemente y andaba mareada gran parte del día.

“Al principio mi papá pensó que solo era una etapa, entonces me cambió de colegio y me puso a clases de pintura para mantenerme distraída, pero lo cierto es que cada día me ponía peor, porque no tenía ganas de vivir, corté relaciones con amigos y mi vida se redujo a leer algo de vez en cuando, mirar la televisión y salir los fines de semana con la familia, por presión de mi papá”.

Adicional a estos síntomas, también existen otros como ataques de llanto, aislamiento de los demás, pérdida de la motivación, pérdida de interés por la apariencia, ansiedad, culpabilidad, falta de emociones, sentimientos de desesperanza, autocrítica, preocupación, dificultad para la toma de decisiones, confusión, pensamientos referentes a que las otras personas están en contra de uno, falta de energía, insomnio, hipersomnia, cambio de apetito, desgano, apatía e irritabilidad, ciclo menstrual irregular, estreñimiento, pérdida de apetito sexual, dolores sin explicación aparente, también es recomendable identificar si la persona está dejando de hacer cosas que le gustaban y si esta experimentando cambios en su peso.

La pérdida de su madre, algunos problemas de salud y el estrés en el trabajo fueron algunos de los detonantes en Patricia H. y desde que comenzaron los primeros síntomas hasta que la diagnosticaron pasaron dos años.

“Recuerdo que un día estaba jugando con mi hija en la cama y de repente sentí un dolor muy fuerte en la espalda que no me permitía moverme y en muchas otras ocasiones, me di cuenta que la memoria me empezaba a abandonar, porque llegaba al supermercado y me olvidaba lo que debía comprar, causándome mucha angustia porque sentía que a mis 45 años eso no me debería estar pasando; ya había ido al médico por otros dolores y aunque me habían derivado al psiquiatra, yo no quise ir porque siempre decía que no tenía dinero suficiente, no tenia tiempo por el trabajo o por las labores de casa”.

Muchas personas no quieren pedir ayuda porque existe la creencia de que es señal de debilidad o de falta de carácter y nada de eso es verdad, pues se trata de una enfermedad, al igual que lo es la diabetes, por ello se necesita de un tratamiento con los profesionales competentes, porque esta enfermedad produce sensación de baja autoestima, pensamientos negativos e incluso puede llegar al suicidio.

Esta enfermedad a menudo comienza de forma muy discreta y a temprana edad (infancia, adolescencia o inicio de la edad adulta) y su gravedad puede ir en aumento conforme la persona va creciendo.

Por eso te recomendamos buscar ayuda profesional cuando tengas la sospecha de estar sufriendo depresión, para que tu proceso de recuperación no sea mucho más complejo.

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